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Ariel67 : El poder del sonido en el cine en la cinta No Nos Moverán

En el cine, solemos recordar las imágenes: los rostros de los actores, la fuerza de una escena, la luz que baña un encuadre. Pero pocas veces nos detenemos a pensar en los sonidos que sostienen todo lo que vemos. El crujir de una silla, el murmullo de la ciudad en penumbras, el latido interior de un personaje… Cada uno de esos detalles sonoros moldea nuestra experiencia emocional frente a la pantalla. El sonido en el cine no es un accesorio: es un lenguaje invisible que nos atraviesa, capaz de transmitir lo que no se dice con palabras ni se muestra con imágenes.

Es en esa dimensión donde el trabajo de un equipo de sonidistas se vuelve arte: construir atmósferas, darle voz a los silencios y dotar de identidad a un universo narrativo. Y es precisamente lo que han logrado los sonidistas César González Cortés, Alejandro Díaz Sánchez y Daniel Rojo en la película No Nos Moverán, dirigida por Pierre Saint Martin, hoy nominada al Premio Ariel a Mejor Sonido.

La dimensión del sonido en el cine

En una producción cinematográfica, el trabajo de sonido es mucho más que acompañar las imágenes. Supone hacer que lo visible cobre vida y que lo invisible se sienta. En este caso, el reto fue aún mayor: construir la sordera y los desmayos de la protagonista, además de recrear atmósferas como las del Movimiento de 1968 en Tlatelolco, un episodio histórico que exigía sensibilidad y verosimilitud.

Encontrar la identidad sonora de los desmayos fue uno de los procesos más complejos. Aunque comparten elementos, cada uno debía sonar distinto para transmitir la importancia conceptual de esos momentos.

Un proceso meticuloso y exhaustivo

El recorrido del diseño sonoro abarcó 1,300 horas de trabajo, la mayoría en grabaciones de campo. Se capturaron desde los ambientes de Tlatelolco hasta detalles minuciosos como pasos de sandalias en una cocineta, caídas de bultos o el batir de alas de palomas. Incluso se llegó a capturar una paloma real para registrar con precisión los ruidos que hacía.

Cada secuencia requirió atención especial. El personaje de Vaquero, por ejemplo, se construyó con los sonidos de su chamarra de piel, sus botas y las espuelas, elementos que definieron su identidad sonora.

Posteriormente, se realizaron 250 horas de revisiones, de las cuales al menos 30 fueron conversaciones directas con el director. Finalmente, se invirtieron 100 horas adicionales en la mezcla final, donde se ajustaron volúmenes, timbres y posiciones de cada sonido para lograr un equilibrio perfecto.

Cómo se construye un mapa sonoro

El equipo de sonido explicó que el proceso inicia con un spotting con el director, donde se señalan los sonidos clave: “Aquí son importantes las palomas, aquí la caída, aquí el ambiente de la ciudad…”. Ese mapa sirve de guía para después dividir tareas: desde el foley, hasta ambientes o efectos subjetivos.

Cuando cada integrante cumple sus misiones, se realiza una “supersesión” en la que todo el material se combina y se peina junto con el director. Es un trabajo que puede avanzar rápido en la primera pasada (3 a 5 minutos por día) y después volverse extremadamente detallado, llegando a revisar apenas unos segundos en toda una jornada.

Este proceso también exige un profundo conocimiento contextual. En entrevista, relató el equipo, se incluyeron grillos en una película filmada en Bolivia. El director corrigió: “A esa altura no hay grillos, cámbialos por otro ambiente”. Ese nivel de precisión es lo que otorga autenticidad al sonido.

Trayectoria de los nominados

Para César González Cortés y Alejandro Díaz Sánchez, esta es su primera nominación, siendo este último el sonidista más joven en la historia de la categoría. Daniel Rojo, en cambio, recibe su tercera nominación, tras su trabajo en Tótem y El Sueño del Mara’akame.

El equipo ha colaborado en películas de 12 países, proyectadas en festivales de prestigio como Cannes, Venecia, Berlín, Sundance y South by Southwest, además de Morelia, Guadalajara y Guanajuato en México. Su filmografía incluye la también multinominada al Ariel Corina, los cortometrajes premiados Apnea y Norte, así como cintas internacionales (Gasoline RainbowA Still Small VoicePredatorsLos Inocentes y Boreal). Además, han trabajado en la edición de sonido de las ganadoras del Oscar Nomadland y Sound of Metal.

El arte de darle voz al silencio

El sonido en el cine no es solo un complemento: es un lenguaje en sí mismo, capaz de contar lo que la cámara no muestra. Cuidar cada detalle —desde un paso hasta el eco de un recuerdo— convierte a la película en una experiencia inmersiva. En No Nos Moverán, esa dedicación se tradujo en un universo sonoro que lleva al espectador a la piel de los personajes, a sus silencios y a su historia.

La nominación al Ariel no solo celebra el resultado, sino el poder del trabajo invisible que hace posible que el cine se escuche con tanta fuerza como se ve.

Ariel67 : El poder del sonido en el cine en la cinta No Nos Moverán
Daniel Mumont 19 de septiembre de 2025
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