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FICG41: Estos son los primeros documentales que acompañaran el festival

DocuLab se ha consolidado como un territorio de riesgo creativo. Aquí no se buscan películas “terminadas”, sino obras en proceso que están dispuestas a replantear su forma, afinar su discurso y confrontar sus límites. Durante tres días, realizadores y productores dialogarán con especialistas de la no ficción —editores, programadores, postproductores y cineastas— en un intercambio que suele redefinir el rumbo de los proyectos.

El Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG) anuncia los proyectos seleccionados para la edición 18 de DocuLab,la selección de este año comparte una pulsión clara: la exploración de identidades en tensión. Desde la memoria política hasta la migración, pasando por la sexualidad, el archivo y la performatividad del cuerpo, las seis propuestas elegidas dibujan un mapa íntimo y político de la Iberoamérica contemporánea.

Poéticas del archivo y la memoria

Dos de los proyectos seleccionados indagan en la memoria como territorio cinematográfico.

El último viaje, del cineasta Ludovic Bonleux (México), reconstruye la vida de Luis Olivares, un niño de la sierra que se convirtió en guerrillero en Guerrero. La película no solo aborda un episodio político, sino que reflexiona sobre la amistad, la pérdida y el legado. En un país atravesado por la violencia y los silencios oficiales, el documental se posiciona como un acto de memoria urgente.

Por su parte, Os Arquivos Impossíveis, de José Eduardo Lins (Brasil), se sumerge en la vida de Jorge O Mourão, cineasta y poeta vinculado a los circuitos contraculturales de los años setenta entre Río de Janeiro y Nueva York. Entre rollos de Super 8 y cuadernos inéditos, emerge la figura de un artista que habitó los márgenes y que convirtió su vida en archivo. La muerte del protagonista durante el rodaje transforma la película en un ejercicio de revelación póstuma: una excavación de materiales íntimos que dialogan con una generación entera.

Cuerpos, deseo y performatividad

El cuerpo como campo político atraviesa varias de las propuestas seleccionadas.

En Boy, de Michel Carvalho (Brasil), seguimos a Lucas, un joven negro que trabaja como escort en São Paulo. A partir de su experiencia —marcada por la racialización del deseo y la precarización laboral— el documental expone cómo las fantasías coloniales siguen operando en el presente. Sin embargo, la película no se limita a la denuncia: construye un espacio de reflexión colectiva entre hombres negros que cuestionan la hipersexualización y reivindican su dimensión afectiva.

Desde otra latitud, El Niño Niña y la Orka Gótika, de Sidka S. Vera (Chile/Argentina), se adentra en la escena drag gótica underground de Buenos Aires. Lo que inicia como un seguimiento al ascenso internacional del artista OrkGotik se convierte en un viaje íntimo de la propia directora hacia el reconocimiento de su identidad transmasculina. Aquí, el escenario, el maquillaje y la performance no son máscaras, sino dispositivos de verdad.

Naturaleza, mito y desplazamiento

La selección también incluye propuestas que expanden los límites formales del documental.

Bestiario Mexicano, de Pablo Chavarría, se presenta como un experimento sensorial inspirado en los bestiarios medievales. A través de animales reales e imaginarios, la película propone un flujo de imágenes y sonidos donde cada criatura adopta un lenguaje cinematográfico propio. Más que narrar, la obra busca provocar una experiencia poética que transforme la mirada del espectador.

En Sueños que migran, de Juan Javier Pérex (México), el desplazamiento es tanto físico como espiritual. El documental acompaña a un joven tsotsil indocumentado en Nueva York que intenta sostener su identidad lejos de su comunidad. Entre la ciudad estadounidense y un pueblo maya en Chiapas, la película reflexiona sobre el exilio forzado, la pertenencia y la resistencia cultural, con ecos del cine directo.

Un laboratorio para repensar la no ficción

En su edición 41, el FICG vuelve a colocar al cine documental en el centro de la conversación: como herramienta crítica, como espacio de experimentación estética y como acto político. 

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