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Acomodar de Pascal Rambert: La melancolía como territorio escénico

Por. Daniel Mumont

Acomodar, la más reciente propuesta escénica de Pascal Rambert en colaboración franco-mexicana, se presenta como un monólogo íntimo que explora los territorios de la memoria, el amor y la muerte. Sin embargo, más allá de su cuidada factura estética y su indudable ambición poética, la obra se instala en un tono profundamente melancólico que, lejos de conmover en todo momento, por momentos resulta excesivo y emocionalmente asfixiante.

La pieza sitúa a un hombre mayor —interpretado por Alberto Lomnitz— en la soledad de una habitación de hotel, justo después de haber recibido un reconocimiento a su trayectoria. Lo que debería ser un momento de consagración se transforma en un descenso introspectivo hacia los recuerdos del gran amor perdido y, con ello, hacia la confrontación con la vejez, el olvido y la imposibilidad de reconstruir aquello que ya no es.

Uno de los grandes aciertos del montaje radica en su propuesta visual. El diseño de iluminación de Isaías Martínez y la escenografía de Javier Ángeles resultan excepcionales, al construir una habitación de hotel de estética japonesa moderna, casi futurista, donde predominan las superficies de madera pulida y una iluminación LED cálida que envuelve la escena con una atmósfera íntima y contenida. Este universo visual no solo es atractivo en su concepción, sino profundamente funcional en términos dramáticos: conforme avanza la obra, la luz va perdiendo intensidad y brillo, acompañando el progresivo apagamiento emocional del protagonista, en un diálogo sensible y preciso entre espacio, luz y estado anímico.

Rambert, fiel a su estilo, apuesta por un lenguaje escénico sobrio y una escritura cargada de lirismo. No obstante, esta misma densidad poética termina por volverse reiterativa: el discurso del protagonista, impregnado de nostalgia y desencanto, se prolonga en una espiral de añoranza que, en lugar de evolucionar dramáticamente, parece estancarse en su propia tristeza. La obra plantea una reflexión válida sobre la memoria como carga, pero lo hace desde un lugar tan insistente que termina por diluir su impacto.

El viaje del personaje —quien, en la noche de la presentación de su libro, se abandona progresivamente a un estado de autodestrucción mediante sustancias y pastillas— se convierte en una metáfora evidente del desgaste vital. Sin embargo, esta construcción dramática, aunque potente en su premisa, carece de matices que permitan al espectador encontrar respiros o contrastes. La oscuridad se impone casi sin tregua, y la experiencia escénica se torna monótona en su desesperanza.

Es innegable que Acomodar posee momentos de gran belleza, particularmente en la interpretación de Lomnitz, quien sostiene el monólogo con entrega y precisión. Asimismo, el montaje logra un diálogo interesante entre la sensibilidad europea de Rambert y ciertos ecos de la tradición mexicana en torno a la muerte y la despedida. No obstante, esta intención intercultural se percibe más como una capa conceptual que como una verdadera integración orgánica en la escena.

En última instancia, Acomodar es una obra que apuesta por la introspección radical, pero que corre el riesgo de perder al espectador en su insistente melancolía. Más que una reflexión sobre el duelo o la memoria, se experimenta como un largo y denso lamento que, aunque coherente con su propuesta estética, resulta difícil de habitar emocionalmente durante toda su duración.

La temporada de Acomodar será del 27 de marzo al 26 de abril, excepto del 2 al 5 de abril, jueves y viernes, a las 20:00 h; sábados, a las 19:00 h; y domingos, a las 18:00 h, en el Foro de las Artes del Cenart. La entrada tiene un costo de 200 pesos con promoción “Jueves de 50 pesos” y 2x1 los miércoles en línea a través de cenart.comprarboletos.com; y los viernes en taquillas.

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